Irene Alfageme, Cristina Alonso y Marina Cisneros

Hasta 20 y 30 casos llegan todos los días a la Asociación vecinal Rondilla. Miles de personas llegan desde Latinoamérica a Valladolid para buscar una mejor vida. Conseguir trabajo, formalizar sus papeles e integrarse en una sociedad que no te lo pone nada fácil. La vida del inmigrante es una lucha que no acaba.

A fecha de julio de 2018, según datos del Instituto Nacional de Estadística, llegó a Valladolid un total de 1.319 inmigrantes procedentes de Centro América y Caribe. Un 56% de este total corresponde a mujeres, mientras que las mujeres llegadas desde Sudamérica conforman un 58% del total de 4.063 extranjeros de la región. ¿A qué se debe el desequilibrio entre ambos sexos?

Carmen Quintero, asesora socio-jurídica en la Junta de la Asociación Vecinal Rondilla, da respuesta a la pregunta. Las mujeres en otras culturas más cerradas, como en los países africanos, no deciden por sí mismas, dependen de los hombres. Sin embargo, en América Latina sí tienen más poder de decisión, son mujeres empoderadas. Al verse en una situación precaria en cuanto a recursos y económicamente desfavorecida e incluso de riesgo vital en su país natal, toman la decisión de huir de esa realidad buscando un lugar mejor donde residir. En la mayoría de los casos, las mujeres latinoamericanas tienen muchos hijos por los que luchar y ante el dolor de ver que no tienen qué comer o no pueden estudiar, deciden arriesgarse a venir a España para buscar un mejor futuro para ellos. Generalmente, las mujeres latinas vienen a España solas dejando a sus hijos con sus padres o abuelos y tiempo después, tras encontrar cierta estabilidad, migra el resto de la familia.

Pero ¿cómo buscan esta estabilidad? Las mujeres latinas suelen encontrar trabajo como empleadas de hogar con bastante facilidad, como internas o al cuidado de personas mayores y niños. Incluso sin tener papeles, ya que la mayor parte de este empleo se mueve en negro, sin dar de alta en la seguridad social. Quintero asegura haber tenido que hacer frente a situaciones de xenofobia, aunque no demasiadas. La Asociación Vecinal Rondilla tiene una bolsa de empleo para aquellos que lo soliciten y las personas que buscan empleados pueden acudir a ella para contratar a alguien.

Se han encontrado casos de personas que buscan un empleado del hogar pero matizan que no quieren extranjeros en sus casas haciéndose cargo de sus familiares en situación de dependencia, por miedo o rechazo. La Junta Directiva niega hacer algún tipo de distinción entre extranjeros y españoles y selecciona a las personas que cree adecuadas para el puesto sin tener en cuenta la nacionalidad de cada una, y aunque después de la entrevista con ellos a veces terminan contratando extranjeros, existe ese prejuicio de rechazo en primera instancia antes del contacto con ellos.

Con el paso del tiempo, el barrio de la Rondilla se ha convertido en un lugar más abierto y tolerante hacia las personas extranjeras, Quintero afirma que hace años sí que se oían comentarios de miedo o rechazo  como que “vienen a quitarnos el trabajo” o bien “están invadiendo el barrio”, pero a día de hoy no encuentra mucho rechazo a la inmigración en la zona de Rondilla.

Migración en cifras

Los ciudadanos de República Dominicana y Colombia son los que más emigran a Valladolid. Principalmente en el año 2010, ya que, la capital recibió 1187 mujeres y 849 hombres colombianos. Ese mismo año también acogió a 800 mujeres dominicanas. En el caso de los hombres dominicanos el año 2013 fue el año de mayor recibimiento con un total de 595 varones.

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Fuente: Elaboración propia a través de los datos del INE.
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Fuente: Elaboración propia a través de los datos del INE.

Una vida precaria

María es una mujer argentina que lleva en Valladolid unos doce o trece años, llegó con su hija y sus nietas, en una situación desestructurada. La hija de la protagonista se desentendió de sus labores como madre, cayendo todo el peso del cuidado de las niñas en su abuela. La familia llegó a Valladolid sin papeles, porque se necesita una oferta de trabajo para poder acceder a ellos, a todo esto se sumó que su hija se quedó embarazada de dos niños. María tuvo que sacar adelante a cuatro nietos con el único ingreso de la pensión no contributiva, que comenzó a cobrar al casarse su hija con un hombre español. Así la joven obtuvo la nacionalidad y ella el permiso de residencia.

Tras doce años residiendo en Valladolid, vuelve a residir en el país ilegalmente porque su hija se divorcia y con su divorcio se queda sin ingresos económicos. Tras un gran número de trámites efectuados por la Asociación Vecinal Rondilla consiguen los papeles para María por arraigo de situación humanitaria y vuelve a cobrar la pensión no contributiva.

María vivía con su nieta en una situación que creían estable hasta que la joven encontró empleo y comenzó a trabajar por 800 euros al mes. Al estar cobrando su nieta y vivir juntas, el Estado volvió a retirar la pensión no contributiva a María. A día de hoy, la protagonista de la historia y su numerosa familia sobrevive como puede con un único sueldo que está por debajo del salario mínimo interprofesional español.

Carmen Quintero, asesora socio-jurídica en la Junta de la Asociación vecinal Rondilla, es voluntaria junto a otros ciudadanos en dicha agrupación para intervenir en los problemas y situaciones de todo tipo que afecten a personas, grupos o familias del barrio, a sus necesidades y legítimas aspiraciones. Además, la institución fomenta la igualdad, la convivencia, la solidaridad y los valores de justicia social, la paz y la protección del medio ambiente y desarrollo sostenible.



Fuente de la imagen de portada: Jesús Anta Roca

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